Día Internacional de la Paz
El día 21 de septiembre está establecido por Naciones Unidas como el día internacional de la Paz. Es decir, el día en el cual la violencia debe cesar momentáneamente. Sin embargo, dicha fecha pasó sin pena, ni gloria. Recordada solamente por aquellas personas quienes nos dedicamos a la docencia y vemos en nuestros estudiantes potenciales gestores de paz. El pacifista y líder político hindú, Mahatma Gandhi, dijo en su momento ‘No hay camino para la paz, la paz es el camino’.
Tomando como referente este pensamiento consideramos, si bien es cierto, son las acciones del propio ser humano las cuales ayudan a forjar una convivencia armónica con las personas y el ambiente, éste, además, requiere de un sistema normativo jurídico que no solamente establezca los parámetros de conducta que regulen una forma de vida pacífica en sociedad, sino, también, se ocupe de convertirse en la garantía legal de esa paz. En este sentido, es necesario determinar el marco conceptual de paz, para la cual señalaremos como una aproximación conceptual el hecho de entender la paz como el equilibro existente entre los intereses y bienes jurídicos de los seres humanos que habitamos en un determinado lugar. Es decir, si existe un equilibrio, lo que implica una igualdad de condiciones; entendemos que se han sentado las bases para un diálogo a través del cual se logran acuerdos que permitan atender los intereses de todas las partes involucradas.
Partiendo de la reflexión realizada en párrafos anteriores, inmediatamente surge en mí persona, el interrogante siguiente: ¿Qué estamos haciendo los panameños y panameñas para forjar la paz en nuestro país? Lastimosamente, considero, muy poco o casi nada lo que se está haciendo, en Panamá, para consolidar la paz, como un sinónimo de salud social. Creemos, además, que esto se debe a la falta de voluntad política y sobre todo al conflicto de intereses de nuestros gobernantes.
Es obligación de todo Estado, procurar todos los mecanismos necesarios para lograr la paz de su población. Esto debe ser el resultado de un trabajo en conjunto entre la sociedad civil y los diferentes estamentos de gobierno. Sin embargo, a la hora de conciliar en las mesas de negociaciones, se deponen en primer lugar los intereses personales de ambos grupos.
Mientras en Panamá, no se definan y diseñen políticas públicas en concordancia con la realidad política, social, económica, religiosa, moral y de salud, de la población panameña, bajo la estructura y visión de una Política Criminal de Estado, Panamá, como país, no podrá cumplir con el objetivo de desarrollo sostenible, número 16, el cual corresponde a la Paz, Justicia e Instituciones Sólidas; y, mucho menos con lo que implica la agenda 2030. El país requiere de mesas de concertación en las cuales los participantes estén dispuestos a deponer sus intereses personales con la finalidad de prevalecer los intereses de la mayoría de las personas, los cuales puedan conducirnos a un bien común. Siendo urgente, una revisión integral de nuestra Constitución.