Ocaso de un mandatario

Será acaso que no está claro el concepto y lo qué implica el ser mandatario de

una nación

El ex presidente peruano, Alejandro Toledo, el 28 de julio de 2001, en el discurso de su toma de posesión, fue enérgico al señalar lo siguiente: ‘Seré un presidente implacable a la hora de luchar contra la corrupción que envenena el alma de nuestro país.’

Sin embargo, años después de cumplido su mandato, al ex mandatario Toledo, se le siguen diversos procesos penales, dentro y fuera de Perú, por delitos vinculados al soborno internacional, corrupción de servidores públicos, etc. Cuando en mi condición de docente universitaria y abogada penalista, doy lectura a este tipo de noticias, siento una profunda preocupación como académica y ciudadana, puesto que observo, sin temor a equivocarme, que estas palabras constituyen una realidad espejo para la mayoría de los mandatarios en América Latina.

Será acaso que no está claro el concepto y lo qué implica el ser mandatario de una nación. Por eso, para aclarar cualquier tipo de dudas al respecto, partiremos en esta ocasión del concepto de mandatario, señalando lo siguiente: el mandatario de naturaleza política hace referencia aquella persona quien ha sido electa por votación popular, con la finalidad de representar y dirigir al país, del cual forma parte y cuyos habitantes le eligieron para que cumpliese una misión específica; siendo ésta realizada con la diligencia de un buen padre de familia.

Es decir, debe dirigir la Administración Pública con prudencia, eficacia, honestidad y transparencia. Por esta razón, un mandatario debe diseñar un plan de gobierno que se ajuste a la realidad histórica, social, política, económica y jurídica del país que entrará a gobernar, ya que una vez finalizado su mandato es cuando se pondrá en evidencia los resultados del mismo y si cumplió con las asignaciones y expectativas.

Es importante destacar que este tipo de mandato político conlleva la presencia de un grupo de asesores políticos, técnicos, entre otros, quienes tienen el compromiso de brindar asesoría certera y que no sea una mera fachada a través de la cual se ocultan intereses personales que responden a poderes económicos y sociales.

En atención a lo antes expuesto, se coligen los aspectos siguientes: el ocaso de un mandatario equivale a la decadencia y finalización de su período político de forma sombría debido al funcionamiento ineficaz de su gobierno y, a la presencia de actos de corrupción. Segundo, la evaluación jurídico-legal de un período presidencial se extiende hasta cinco años después de culminado el mismo, pudiéndose advertir la existencia de peculados y enriquecimientos injustificados.

período presidencial se extiende hasta cinco años después de culminado el mismo, pudiéndose advertir la existencia de peculados y enriquecimientos injustificados.

Lastimosamente, en Panamá, como en la gran mayoría de los países latinoamericanos, se le han seguido juicios a ex presidentes debido a la posible comisión de figuras delictivas que vulneran la Administración Pública. Se han destituido y sancionado altos funcionarios por la incursión en la comisión de hechos punibles que han afectado, hasta la Administración de Justicia y la imagen de Panamá como un país en el que se transgreden garantías fundamentales establecidas a nivel constitucional. Tercero, uno de los indicios que marca en forma directa el ocaso de un mandatario se determina con el nivel de aceptación que este tenga en la mitad de su período presidencial, ya que es tiempo suficiente para advertir resultados de la ejecución de su plan de gobierno, marcando también el futuro, en las próximas elecciones, del colectivo político del cual forma parte.

Por último, señalo que un mandatario evitaría su ocaso, si sabe identificar cuáles son las circunstancias y las personas que están contribuyendo a su debilitamiento, para separarlas a tiempo y poder enderezar el rumbo de su país; y en aquellos casos, en que sea su actuar inconsciente el que le este ocasionando problemas, deberá entonces saber retirarse a tiempo, haciendo eco a las palabras del ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica: ‘Quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de que en la vida hay momentos que hay que decir: me voy.!